retruzine vol.1

introducción por Lu

No es casualidad que en los peores contextos nazcan las mejores bandas.

Como ha pasado anteriormente (y como sucederá, seguramente, hasta el fin de los tiempos) podemos afirmar que las circunstancias hostiles suelen ser el ecosistema perfecto para la gestación de la contracultura. Un fenómeno que sucede en comunidad, a raíz del desencuentro con una realidad, pero también gracias al deseo y a la intención de generar un nuevo espacio. Un escenario frente al individualismo y a la industria, que -nos guste o no- ha sabido mercantilizar al arte, la rebeldía y al rock. Como dijo Mario Santos en algún capítulo de Los Simuladores, hoy en día, si te querés rebelar, tenes que usar saco y corbata.

La escena local del rock post cromañón, no parecía ostentar con un movimiento verdaderamente disruptivo, dispuesto a renovar este género ya masticado y establecido dentro de la sociedad y del sistema. Pero hace no tanto tiempo, hubo un quiebre, un punto de fractura, lo que muchos llaman el “post-punkdemia”, que pareció finalmente romper con lo establecido, no solamente con respecto a la música mainstream, sino también dentro del mismo rock; poniendo en juego sus paradigmas, y explorando nuevas formas de sonido, formación y mensaje.

Lo que viene a continuación, es una pequeña reflexión de este mismo movimiento, pero visto desde adentro, y comprendiéndolo como un refugio en común ante la inminente crisis (social, política y cultural, entre varias otras) en la que estamos inmersos.

por Marti: "Recuperemos nuestros ojos"

Probablemente, cuando no estoy consumida por la pérdida de autonomía que nos impone la actualidad, gran parte de lo que hago busca recuperar todo lo valioso que esta era de la inmediatez nos quiere quitar. Y al encontrarme en dicha búsqueda, considero que el arte se vuelve un refugio imprescindible.

También es muy probable que gran parte de lo que yo hago tenga como objetivo combatir el olvido (principalmente MI olvido frente a las cosas). Es un miedo al olvido que surge del miedo al paso del tiempo. Entonces, habitar una época que constantemente acelera y distorsiona el tiempo me OBLIGA a intentar combatirlos lo máximo que pueda (aunque parezcan inevitables).

Me preocupa que todo pase rápido y nada sea nuestro. Por eso, crear un espacio en el cual la gente se encuentra y comparte un tiempo que pasa lento (o más lento que en el celular, por lo menos), creo que -aunque sea un poco- nos acerca a recuperar nuestros ojos y la decisión de qué mirar con ellos.

Quizás sea porque no podemos huir en todos los ámbitos de la vida de estos dos conceptos aterradores (olvido e inmediatez), que nos despierta tanto entusiasmo aferrarnos a los ámbitos en los que sí:

Sacar fotos a nuestros amigos e imprimirlas, escribir cartas, transcribir letras de temas que nos gustan, poner un disco y escucharlo completo. TODO ESTO sirve para recuperar LO NUESTRO porque, si mañana explotan todos los telefonitos… ¿A DÓNDE SE VAN NUESTRAS PERTENENCIAS?

Pienso que, si entonces tan nuestras no son, deberíamos luchar por que lo sean. Y si, usted lector, cuando lee esto piensa: “uh, qué hippeada”, no me importa en lo más mínimo.

Pensamos y creamos La Retruco como un espacio para que jóvenes atraídos/as por el arte y jóvenes artistas, interpelados por la crisis que hoy atraviesa la cultura, muestren lo que hacen y conozcan lo que hacen sus colegas. Nos interesa poder ser la puerta a que muchas bandas emergentes puedan darse a conocer, y a que un público pueda acceder a escuchar música en vivo sin que le arranquen la cabeza con el precio.

Habitar este tipo de espacios es dar una mano para seguir manteniéndolos vivos.

Por eso, si alguna vez viniste a La Retruco, fuiste parte de este humilde aporte de dos pibas a las que les gusta la música, para la resistencia; Te agradecemos profundamente.

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